2. Marco teórico y conceptual

El término procrastinación proviene del verbo latino procrastinare que significa dejar algo para el día siguiente. También se puede entender como el hecho de posponer una acción a pesar de tener el propósito de hacerla, demorando intencionalmente su inicio o realización hasta el último minuto posible o incluso no realizarla en absoluto.

Existen diferentes clasificaciones sobre este constructo como: los procrastinadores activos y pasivos. Los primeros son quienes obtienen un beneficio al aplazar las tareas porque trabajan mejor bajo presión mientras que los segundos por el contrario no consiguen cumplir con las metas o tareas. Otra tipología se refiere al momento de procrastinar ya que puede ser durante la realización de tareas o en la toma de decisiones. También se puede clasificar de acuerdo con la frecuencia y el contexto siendo de tipo crónico, si se da todos los aspectos de la vida de la persona o situacional cuando solo ocurre en algunos momentos.

Un ejemplo de procrastinación situacional es la académica que se lleva a cabo en el contexto educativo. Es en este entorno donde se centra mi investigación, particularmente durante el proceso de realización de la tesis universitaria.  

Paula Carlino (2005) en su escrito La experiencia de escribir una tesis: contextos que la vuelven más difícil encontró 5 factores que definen un entorno obstaculizador o facilitador para la realización de una tesis. Estos son la pertenencia a una u otra tradición disciplinar, la inclusión o no en un equipo de investigación, la dedicación a tiempo completo o parcial, el tener o no práctica previa en investigación y el contar o no con un director especialmente dedicado. 

En esta investigación destaca el aislamiento o sentimiento de soledad que viven los estudiantes y los lleva a creer que son los únicos que les cuesta realizar su tesis, originando sentimientos de culpa. Esto la autora lo relaciona con la carencia de experiencia en la práctica investigativa ya que los estudiantes desconocen que esta misma es de naturaleza incierta.

Otras percepciones que resaltan en su investigación son la noción de labor desmesurada y la necesidad de lograr un producto asequible en donde se considera que esta documento debe ser la obra cumbre o el “desafío definitivo “y que lo debe llevar a lo más alto de la esfera del conocimiento siendo por el contrario solo el inicio de su vida en la investigación. La autora también refiere que existe un “cambio de envergadura, lo que lleva a preguntarse quién se es, quién se ha sido y quién se devendrá, tanto como para quién se es, para quién se ha sido y para quién se devendrá.” (Carlino, 2005, p. 6)

Por su parte Sierra & Lobell (2017) realizan una investigación mixta sobre las causas de los bloqueos al momento de hacer una tesis encontrando como principales la postergación, la ansiedad o la mala gestión de la escritura. Estos autores también diferencian entre los factores personales y aquellos de formación o didácticos. Entre los primeros, hacen referencia a la relación entre el bloqueo y ciertas concepciones sobre la investigación y la escritura. Como, por ejemplo: las expectativas creadas acerca de lo que se espera de una tesis, como algo novedoso y original o la incertidumbre de si se va por buen camino.

Otra investigación titulada Obstáculos emocionales que inciden en el retraso en la titulación (Pérez, Alcalá, Gutiérrez, & Robles,2019) busco identificar situaciones emocionales que impiden que se gradúen los pasantes de la licenciatura en Psicología. Los participantes de esta investigación presentaron baja tolerancia a la frustración, pensamiento catastrófico y altos niveles de ansiedad. Además, manifiestan necesidad de atención, reconocimiento y dificultades para alcanzar la identidad profesional. 

Las consecuencias negativas de la procrastinación son más evidentes en el desempeño y logro académico sin embargo también está relacionada con efectos en el área laboral, social y en la salud, específicamente en lo mental.

Se ha encontrado en investigaciones que la procrastinación está relacionada con conductas menos saludables como en el estudio realizado por Dumitrescu, Dogaru, Dogaru y Manolescu (2011) con estudiantes de medicina, encontrando a la procrastinación y el afrontamiento proactivo como predictores más significativos del estado de salud bucal.

En lo que respecta a la salud mental se encontraron que puntuaciones más altas en procrastinación están relacionadas con un peor estado de salud mental (Stead, Shanahan, & Neufeld, 2010) y como posible predictor de la vulnerabilidad para presentar síntomas mentales de los desórdenes ansiosos, del estado de ánimo y de la personalidad.(Ferrero et al., 2013).Para  Carranza y Ramírez (2013) la procrastinación puede ser incluso un síntoma de depresión o ansiedad y un catalizador de las mismas. 

La mayoría de las investigaciones coinciden en que también actúa retrasando la petición de ayuda y tratamiento (Biebel, Mizrahi, & Ringeisen, 2017) (Sirois, Melia-Gordon, & Pychyl, 2003). Además, está relacionada con elevados niveles de estrés (Sirois, 2007) problemas relacionados con sueño insuficiente (Nauts, Kamphorst, Stut, De Ridder, & Anderson, 2018), ideas obsesivas (Sadeghi, Hajloo, Babayi, & Shahri, 2014) y el suicidio (Gómez-Romero, et al., 2020)

En un estudio con pacientes diagnosticados con trastorno obsesivo compulsivo (TOC) encontraron que las obsesiones y las compulsiones estaban significativamente relacionadas con la procrastinación. (Ferrari y McCown,1994) Mientras que en estudiantes con trastorno de déficit de atención por hiperactividad (TDAH), encontraron una relación significativa entre procrastinación y falta de atención. (Niermann & Scheres, 2014).

Por lo tanto, esta problemática es de gran valor para su estudio. Diversas posturas teóricas como las teorías psicoanalíticas (MacIntyre, 1964), conductistas (Bijou et al., 1976) y cognitivo-conductuales (Ellis y Knaus,1977) han intentado explicarla.En este trabajo me enfocare en esta última.

Las teorías cognitivo-conductuales se basan en la afirmación de que las personas sienten y actúan consistentemente con sus pensamientos, actitudes y creencias acerca de sí mismos y del mundo. Así para que surjan, y se mantengan emociones insanas y conductas desadaptativas deben de existir procesos cognitivos disfuncionales. 

Los procesos cognitivos son “las reglas transformacionales a través de las cuales los individuos seleccionan del medio la información que será atendida, codificada almacenada y recuperada”. (Ruiz, Díaz, & Villalobos, 2012, p. 369) Estas operaciones son procesos automáticos, sin embargo, pueden producir sesgos y errores en el procesamiento de la información. A los sesgos negativos relacionados con problemas emocionales se les llaman “distorsiones cognitivas”.  Beck (1970) ha categorizado las distorsiones cognitivas de la siguiente forma:

·        Sobre generalización: extraer conclusiones basándose en pocas experiencias y aplicarlas a una amplia gama de situaciones. 

·        Descontar lo positivo: rechazar o descalificar experiencias, rasgos o atributos positivos.

·        Saltar a las conclusiones: obtener una conclusión negativa cuando no hay evidencia.

·        Leer la mente: concluir sin evidencia que alguien está pensando negativamente de uno.

·        Adivinación: predecir con certeza el resultado negativo de conductas, emociones o acontecimientos futuros.

·   Magnificar/minimiza: exagerar o minimizar un rasgo, persona, situación o acontecimiento.

·        Razonamiento emocional: formar opiniones basándose en sus emociones.

·        Declaraciones de “debería”: expectativas internas incuestionables sobre las capacidades, habilidades o conductas de uno mismo o de los otros.

·        Etiquetar: encasillar a uno mismo o a los demás de forma peyorativa.

·        Personalización: asumir la culpa personal en las situaciones, eventos y reacciones de los otros sin evidencia.

·         Valía personal dependiente de opiniones externas

·        Comparación: llegando generalmente a la conclusión de ser inferior o mucho peor que los demás.

·         Perfeccionismo: esfuerzos por cumplir con una imagen interna o externa de perfección.

Una perspectiva sobre la procrastinación desde esta teoría la brinda Ellis y Knaus (1977) en su obra Overcoming procrastination donde la definen como el resultado de creencias irracionales de los sujetos, las cuales provocan que igualen su percepción de autovalía con su rendimiento. Los autores identifican tres causas: autolimitación, baja tolerancia a la frustración y hostilidad. 

Las autolimitaciones se refieren a cómo las personas se auto conciben con un valor inferior a través de pensamientos autocríticos y autoafirmaciones negativas y despectivas. Esto ocurre de forma cíclica: al devaluarse a sí mismo, se promueven los aplazamientos y aparecen sentimientos negativos y esto a su vez evita realizar las tareas a tiempo. 

La segunda causa, la baja tolerancia a la frustración es la incapacidad de tolerar la más mínima molestia, contratiempo o demora en la satisfacción de los deseos, de soportar ningún sentimiento o circunstancia desagradable. Por lo que la persona al procrastinar busca un beneficio inmediato para reducir el malestar asociado con la tarea, sin embargo, acepta al mismo tiempo consecuencias negativas a largo plazo. 

La última causa, es la hostilidad en donde la procrastinación aparece como una manifestación emocional de ira y de reclamación irracional contra todos aquellos relacionados con la tarea que se aplazó. 

Steel (2007) realizó un metaanálisis sobre procrastinación académica y pensamientos irracionales constatando la relación positiva entre ambos. También encontró la impulsividad por tentaciones a corto plazo como un rasgo muy relacionado con la dilación. Este dato también relaciona inversamente la procrastinación con la autorregulación académica, es decir, la forma en que los estudiantes activan pensamientos, conductas y sentimientos orientados a la consecución de sus metas. 

Uno de los métodos sencillos y útiles dentro del enfoque cognitivo para identificar las creencias de una persona y en su caso analizar y modificar aquellas que son disfuncionales es el modelo ABC propuesto por Ellis en el año 1962.

El modelo ABC establece que A representa el evento activante, el cual puede ser real o imaginado, B constituye las interpretaciones o creencias respecto a ese evento, y C las consecuencias, tanto emocionales. las creencias e interpretaciones. Entonces son las creencias las que propician las consecuencias y no lo son los eventos.


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